Murphy, ese malvado que nos persigue

Murphy, ese malvado que nos persigue

cero problemas

“La vida no es evitar problemas, sino saber afrontar los que tienes” – Anónimo

La verdad es que esta semana la intención era que la enseñanza del azucarillo fuera otra, pero lo cierto es que tal y como se dice en el argot periodístico “la actualidad manda” y hemos decidido cambiar el guión víctimas de la llegada de Murphy. Y es que estos días han sido de esos que nos llevan a pensar en que existe una conjura supra-humana para que todo se nos rompa. Recurriendo al refranero español y sin ánimo de ser política incorrecta esta expresión, son días de esos en los que parece que “nos hubiera mirado un tuerto”. Momentos de esos en los que Murphy se manifiesta en toda su “maldad”. Y sobre todo, querríamos reflexionar ante nuestras reacciones con estas “cositas” que nos ocurren.

El detonante puede ser muy variado. De pronto, en la cocina, parece que hubiera habido una rebelión de electrodomésticos, y que hubieran decidido cuál equipo que comparte un mismo objetivo final, manifestarse con rotundidad, tal vez con la intención de reclamar algo más de atención. El microondas decide dar vacaciones a sus ondas, por lo que esos estupendos platos preparados que tantos almuerzos nos salvan, se quedan en el frigo porque no pueden “hornearse”. El congelador, en un acto de maldad suprema, decide que el mejor momento para pedir un circuito nuevo es aquel en el que las olas de calor se suceden. Te quedas así sin cubitos, sin helados, y lo que es peor, sin “polos-flasn”. La hornilla opina, que para el uso que le das, que no es necesario que funcionen todos los fuegos, y que con uno tienes bastante, así que si quieres hacer espagueti, por ejemplo, primero cuece la pasta y después haz la salsa, nada de tenerlo todo listo a la vez para poder aprovechar el “al dente”. Todo esto son duras pruebas, pero las vas superando, y con más o menos humor las soportas.

La siguiente manifestación de Murphy llega con el coche. Estás haciendo un pequeño viaje, has tenido la precaución de llevarlo al taller antes, pero cuando ya estás a medio camino, ooohhhhhhh, se calienta y se enciende una luz en el panel que ni siquiera sabías que existiera… ¿qué hacer? ¿volver o seguir? En un alarde de temeridad, por supuesto seguir… La paciencia empieza a alcanzar importantes cotas de intranquilidad, pero ahí seguimos aguantando el tirón.

Esta “racha” suele ir acompañada de otra bonita irrupción en escena. El PC, que por supuesto decide fallar, y como no podía ser de otra manera, por mucho que sabes que has de hacer “back up” (Carrie de Sexo en Nueva York dedicó un episodio a explicárnoslo), por supuesto lo habías ido dejando por “falta de tiempo”, y cuando se ha roto, justo el documento que más necesitabas, se ha perdido en la noche cibernátuica. Ahora ya sí que piensas que eres el ser más desgraciado del mundo.

Pero de pronto se produce el hecho que realmente nos lleva al desquicio, y no es otro que se rompe el móvil. Estás tan tranquilo, a mitad incluso de una conversación “whatsappera” o revisando Facebook o Twitter, o tal vez con Instagram, o mirando tus mails, cuando…. ¡¡¡¡¡NOOOOOOO!!!!! aparece la manzanita en el IPhone y no hay manera humana de poder quitarla. El ingenio se agudiza, tras el primer minuto de pánico absoluto, buscas en los tutoriales de YouTube las “formas de rescatarlo”, hasta que ves que una tras otra, todas resultan inútiles.

En ese momento, el que tomas conciencia de que no puedes solucionarlo, es cuando te das cuenta que de pronto te has quedado “sólo ante el peligro”. Tu mundo se ha evaporado… no tienes copia de seguridad. Te has quedado sin tu agenda… no puedes recuperar tus contactos, y lo que es peor, no puedes avisar a nadie de tu gran desdicha. Hasta ahora el resto de pequeñas calamidades que se habían ido sucediendo habían sido soportables, pero esto ya supone el culmen y en ese momento sabemos a ciencia cierta que somos el ser más desgraciado del planeta, y que los dioses se han aliado en nuestra contra. El mundo para nosotros se ha terminado, y tememos por nuestra muerte social. Seguro que muchos y muchas de los que leáis estas líneas sabéis de qué estamos hablando, porque lo habéis experimentado.

Ante estas situaciones, nos gustaría hacer algunas reflexiones. La primera tiene que ver con pensar que toda la mala suerte del mundo se ceba con nosotros. Hace algún tiempo, una persona a quien considero especialmente sensata y centrada, y cuyas enseñanzas están dejando mucho poso, ante una situación como esta, dio un argumento infalible que creo que es bueno recordar en estas situaciones. En el mundo hay más de 7 mil millones de personas, ¿cómo puedes creerte tan importante para pensar que todo el mal se va a concentrar en ti? Realmente es así. Las pequeñas catástrofes se alían a veces, simplemente para poner a prueba nuestra paciencia, y sobre todo para que practiquemos nuestra capacidad de resolver, de inventar, de averiguar, y de improvisar. Realmente nos sorprendemos de lo agudos que nos podemos volver, sobre todo cuando el problema es con nuestro hilo de vida, nuestro Smartphone.

Lo segundo es que de verdad tengamos la costumbre de hacer copias de seguridad de toda la información tanto profesional como personal con la que bregamos a diario. Si la perdemos, la culpa será sólo nuestra, porque todos sabemos que es necesario hacer copias de seguridad. Y también estaría bien que reflexionemos acerca de hasta qué punto es positivo que nuestra vida dependa hasta tal punto “de lo que tenemos dentro de un aparatito”.

Para terminar, sólo decir que hemos acompañado a este post con un azucarillo que nos muestra el mensaje de “cero problemas” porque realmente, estas cositas que nos pasan las tenemos que valorar en su justa medida. Los problemas son cuestiones de mucha más envergadura y sí merecen realmente nuestros desvelos. Pensemos que estos desastres que nos agobian, al fin y al cabo, lo que hacen es “ponerle picante a nuestros días”. Así que aunque estéis compartiendo una racha de estas, simplemente ir solucionando una cosa después de otra, sin agobiarse y sin pensar que lo que realmente sucede es que se va a cumplir la profecía maya y que “el mundo se va a terminar”.

Ahora, seguid disfrutando del verano y de estos calorcitos, a poder ser, estando en remojo, que es como mejor se llevan. Que julio ya se va. El próximo azucarillo nos llegará ya en agosto. Ya va quedando menos.

¡Haz tu propia revolución!

¡Haz tu propia revolución!

haz tu propia revolucion

“De nada servirán las revoluciones sociales y culturales, si primero no hay una revolución interior” – Krishnamurti

El mes de julio ha dejado para la historia dos de los mayores hitos en lo que a revoluciones se refiere. En 1776, el 4 de julio, en el Congreso de Filadelfia, las por entonces 13 colonias que existían en el norte de América, firmaron su declaración de independencia de Inglaterra, asumiendo el nombre de lo que realmente eran, los Estados Unidos de América, reconociendo en dicho documento, el principio de igualdad (aunque en ese momento cuando hablaban de que todos los hombres habían sido creados iguales, literalmente se referían sólo a hombres y además blancos, pero lo cierto es que supuso el primer paso en el tránsito hacia el mundo contemporáneo.

Otra de las grandes revoluciones que trajo el mes de julio, fue la más conocida de todas, sí la Revolución Francesa, aquella que puso de moda la guillotina, que quiso romper con el orden estamental establecido, y ofrecer una salida que implicara dignidad para los desarrapados (sans cullotes). Fue el día 14, del mes dedicado a Julio César, del año 1789.

Pues bien, estamos en ese séptimo mes del año. Registrando temperaturas de récord, y con constantes alertas debido al calor, y además seguro que muchos y muchas estáis de vacaciones, pero hoy queremos proponeros de comencéis una revolución. Pero no una revolución cualquiera. No una revolución que signifique asaltar bastillas, o declarar zonas de independencia. Os proponemos una revolución que cambien el mundo. Sí, así es. No estamos locos, que sabemos lo que queremos.

La primera condición para cambiar el mundo, es que cambiemos nosotros, y como decía, uno de los escritores más importantes de la historia, -y padre de la “no violencia” que luego tendría tanto peso en otro de los grandes revolucionarios de la historia, Ghandi-, León Tolstoi, “la única revolución válida es la que uno hace en su interior.

Si queremos que las cosas sean diferentes. Si queremos que al finalizar el verano el mundo en el que habitamos sea otro. Si pretendemos que nuestra vida personal, profesional, familiar cambien, no podemos esperar sentados a que se produzca un milagro. Lo hemos dicho muchas veces, sólo cabe una cosa, y es que pasemos a la acción. En alguna ocasión lo hemos mencionado en esta sección, y es que Honoré Balzac, nos lo dejó bastante claro, con una estableciendo una verdad que tiene tintes de universal “Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia”.

En nosotros está hacer que las cosas sean diferentes. No vale decir mañana. No vale pensar en que después lo haré. No, nada de eso sirve. Cambiemos nosotros y hagamos que el mundo se parezca más a lo que nos gustaría que fuera. Todo empieza por hacer, y por hacerlo aquí y ahora. El ayer no nos sirve, y el mañana no existe. Aprovecha estos días de calor. Estos días en los que parece que el tiempo se mueve a un ritmo diferente, en los que la luz nos hace ver las cosas con una claridad diferente y decide qué es lo que quieres. Y simplemente, haz tu propia revolución. Dejémosnos de excusas. Si quiero mejorar mi trabajo, tengo que empezar por ver en qué fallo y prepararme mejor. Si mi relación de pareja no funciona, tengo dos soluciones, o de verdad lo arreglo, o termino con ella, pero ni pierdo mi tiempo, ni se lo hago perder a nadie. Si quiero estar físicamente mejor, es fácil, empezar a tener una vida más sana, deporte (el que sea en función de mis gustos y posibilidades) y una dieta saludable.

Dejemos las excusas de lado. Olvidémonos del resto, hagamos nuestra propia revolución, que sólo puede comenzar por nuestro propio interior. Cambiaremos nosotros y cambiará nuestro mundo. No esperemos nada de nadie. No echemos la culpa a nadie. Empecemos por hacer y por dar, llegado el momento ya recibiremos, de una manera u otra. Y de verdad, se puede hacer.

Todo es posible, si realmente queremos y creemos en ello. Mira en tu interior, y decide cómo quieres vivir, y empieza desde ahora mismo a hacer lo necesario para que ocurra. No es fácil, pero tampoco es imposible. No seamos de ese tipo de personas que no empieza a andar un camino, porque cree que será incapaz de llegar hasta el final. Si no lo conseguimos que desde luego no sea por no habernos dejado la piel en el intento. Pensad que la recompensa no tiene precio, y que justifica todo el trabajo y todo el sacrificio. La recompensa final de esta revolución no es ni más ni menos que conseguir ser nosotros mismos de verdad. ¿Puede haber algo más bonito?

https://www.youtube.com/watch?v=bDBVD9KPHHU

Sí, sí podemos… pasar por el aro de Europa.

Sí, sí podemos… pasar por el aro de Europa.

“Europa no se hará de una vez, ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho” – Robert Schumann

Que la situación del pueblo griego es lamentable, es algo en lo que todos estamos de acuerdo. Que por supuesto es doloroso vivir lo que están viviendo griegos y griegas, por supuesto, pero ¿hasta dónde esta situación les otorga patente de corso para jugar con sus propias reglas? Sinceramente, y aunque sea duro, no vale hacer de su capa un sayo. No vale imponer “pulpo como animal de compañía”.

Cuando se toma la decisión de pertenecer a un club, o a cualquier tipo de asociación, sea cual fuere, se aceptan las reglas del juego, todas, y si no se comparten, si hay cosas que no convencen, sencilla y llanamente, «hasta luego, Lucas». Es decir, o no se entra, o si ya se está dentro, se abandona. Eso es lo que Grecia, y sobre todo sus dirigentes deben de tener claro. Si no quieren seguir las reglas del juego de la Unión Europea, deben de decidir salir. No vale estar querer estar sólo para las maduras y querer romper la baraja en las duras. Tanto que se apela a la “justicia”, pues sinceramente, esta actitud, no es justa para el resto de la ciudadanía de la Unión.

Por supuesto que estamos totalmente a favor de la soberanía popular de los ciudadanos, de que puedan decidir cómo quieren vivir, y de qué manera, faltaría más, pero ¿esto es lo que está pasando en Grecia? Desde el más absoluto respeto, ¿por qué el sufrimiento griego es más doloroso o importante que el de portugueses, irlandeses o españoles? Para nosotros, la respuesta es obvia, no lo es, porque todos los ciudadanos europeos somos igual de importantes.

Cuando en un ataque de populismo, aunque cargado de buenas intenciones, cosas que no vamos a poner en duda, Tsipras a la cabeza de Syriza, se lanzó a su referéndum en favor del NO a las exigencias europeas, ¿qué pretendía? ¿Jugar con las esperanzas y las ilusiones de un pueblo que está asfixiado económicamente y que no ve salida viable a su desesperación? ¿Hacer una demostración de fuerza a Europa? ¿Intentar enseñar el camino de la verdad a otros miembros de la Unión?

La verdad, ni lo entendí, ni lo entiendo, ni lo entenderé. Después de la «escenificación teatral» del referéndum, la realidad es que Grecia, con sus mandatarios a la cabeza, ha tenido que plegarse a las exigencias de Europa, que si cabe, requieren un nivel de austeridad y restricción mayor de lo que hasta ahora los helenos habían soportado.

Modestamente la actitud de los responsables griegos es muy reprochable, por varios motivos. En primer lugar porque han jugado con sus ciudadanos, haciéndoles creer que tenían una posición de poder en las negociaciones que realmente era inexistente. En segundo lugar porque la frustración popular es ahora mucho mayor, lo que está ayudando a radicalizar posturas tanto dentro de las fronteras griegas, como fuera. En tercer lugar, porque adoptar esa postura arrogante con respecto a los ciudadanos de otros países rescatados (Irlanda, Portugal) o casi rescatados (España), dando un plus de importancia a sus sacrificios, y haciendo que su situación esté por encima de la de los otros ciudadanos, no es de recibo.

No es menos cierto que la situación con Grecia, y la posible «Grexit» ha puesto en un brete al total de la Unión Europea, pero esto no significa que se haya flexibilizado la postura general, o que se haya sucumbido al que desde muchos ámbitos se consideraba un chantaje. Tsipras ha tenido q volver a Atenas con un paquete de medidas, que además de ser extremadamente duras, son innegociables, y pese a todo ello, las garantías de salir del estado de «desastre económico» griego, no son totales. Al final el intento del primer ministro griego de intentar convertir al pulpo en animal de compañía, no ha funcionado. Y además, por supuesto, la telenovela sigue, y aún es de final incierto…

La propuesta de rescate que Tsipras, que cada vez se aleja más de su propio partido, Syriza, ha tenido que defender, y que finalmente ha sido aprobada por el parlamento griego, dista mucho de su programa electoral, y los 32 votos en contra de sus propios colegas de partido, es un ejemplo del arduo camino que tiene el mandatario griego por delante. Pero ahora, “show must go on”, el proceso debe continuar. El paquete de medidas que tiene que imponer el gobierno ahora es muy duro, y será muy difícil de salir adelante.

Desde la modestia, y desde la visión de una única Europa, el señor Alexis Tsipras, ha hecho un ejercicio de responsabilidad, y ha puesto al Estado por encima de cualquier ideología. Al final, hoy por hoy, el Leviatán se tiene que seguir manteniendo. Tal vez mañana tengamos otro modelo que sea válido, pero hoy aún, por gracia o desgracia, no existe.

Suerte para los griegos, y mucha paciencia. Lo que les espera no es nada fácil.

Coworking: un nuevo modelo que implica más que simples gastos compartidos

Coworking: un nuevo modelo que implica más que simples gastos compartidos

COWORKING

El feedback es el desayuno de los campeones – Rick Tate

En el mundo de los libre profesionales, autónomos, y micropymes de servicios, está claro que una de las principales losas a soportar en la cuenta de ingresos y gastos, es el alquiler de oficina. Es un coste fijo, independiente del número de visitantes que vayan a nuestras instalaciones, o de los trabajos que se hagan o no. En muchos casos, y sobre todo a partir de mediados de la primera década del presente siglo, el hacer frente a este pago, se volvió una misión ardua y complicada, que dificultaba la llegada a fin de mes de muchos profesionales. Y por otro lado, la necesidad de tener un espacio físico en el que poder desarrollar nuestro trabajo, en el que poder recibir a clientes, o mantener reuniones con proveedores o colaboradores, hacía que fuese un gasto imprescindible, pese a que los alquileres se desorbitaban cada vez más. En estos años, en muchos casos auspiciados por administraciones, comenzaron a surgir nuevas fórmulas que hacían más llevadera la situación, sobre todo para aquellas personas que emprendían su andadura empresarial. Esto hizo que surgieran espacios a los que se les denominó semillero, incubadora u otros términos similares, que dejaban claro que la idea era servir de plataforma de despegue y crecimiento para quiénes estaban empezando. Estos espacios, suponían un periodo de tutelaje en el que durante un período que normalmente comprendía desde un año a tres años, se alojaran las incipientes empresas o autónomos, de forma gratuita, sin pagar alquiler, ni tan siquiera en muchos caso, consumos, como luz, agua, teléfono, internet, etc., para ayudarles así a aquellos que emprendían y darles la oportunidad de conseguir una cartera y una estabilidad en el mercado que les permitiera dar el salto.

Este modelo, de buen fundamento, tuvo, o está teniendo, porque aún sigue existiendo, un irregular resultado, ya que en muchos casos, el afán estadístico de determinados responsables políticos, les llevó a estar más pendientes del número de nacimientos, que de la mortandad que luego sobrevino.

Muchos de aquéllos y aquéllas que nacieron al abrigo de estas incubadoras terminando muriendo al tener que abandonarlas, porque sencillamente, eran aventuras que no respondían a proyectos sólidos y finalmente se evaporaron. Otras empresas, afortunadamente cuajaron y hoy siguen siendo exitosas fuentes de riqueza y de creación de empleo.

También por esta época, o tal vez un poco antes, desde finales de los noventa del pasado siglo, hubo otra fórmula que alcanzó muchos adeptos. Se trataba de los centros de negocios. En este caso el alquiler de oficinas y despachos, venía con todo un pack en el que entraba servicio de secretariado, zonas de reunión, aulas de formación, etc. Suponía por un coste muy similar al del alquiler de una oficina tradicional, tener más servicios y sobre todo dar una mejor imagen a nuestros clientes.

Hay que reconocer que el tsunami de la crisis terminó arrasando a muchos centros de empresas, porque hubo quiénes de ninguna manera pudieron aguantar el vendaval. Las incubadoras, soportadas básicamente en dinero público, en muchos casos procedente de Europa también fueron grandes damnificadas de la falta de liquidez de las propias administraciones, y hoy lamentablemente, podemos ver en muchos municipios espacios fantasmas que en los años de vacas gordas, fueron flamantes viveros de empresas.

Ambos modelos cumplieron su cometido, y en muchos casos siguen cumpliéndolo, por supuesto, ya que aunque sean malos tiempos para la lírica empresarial, afortunadamente no han desaparecido, pero hoy se ha evolucionado a un modelo en el que no sólo se comparten espacio, y gastos, sino que además se configura como un entorno colaborativo. La semana pasada hablábamos del networking y este concepto de ayuda mutua, y de ganar + ganar, se ha asociado al inicial del centro de empresas y de la incubadora y ha hecho que surjan, además empujados por la crisis, los coworking. Ya no se trata tan sólo de compartir esos gastos, como decíamos anteriormente, si no que lo que se pretende ahora, es que además de que los diferentes profesionales o micropymes, puedan desarrollar sus proyectos y sus trabajos individuales, además, de alguna manera, se beneficien los unos de los otros, a través de las sinergias que se pueden dar, de una manera más o menos natural, o más o menos trabajada. Los cowoking no dejan de ser un reflejo de la globalización y de la nueva forma de entender y de afrontar los negocios. Además por supuesto de suponer una posibilidad mucho más económica que ha permitido a muchos pequeños emprendedores e incluso micro empresas, dar el salto y “salir del armario”. Es decir, atreverse a lanzarse al mundo de la “visibilidad empresarial” abandonando ciertas situaciones de aislamiento, al trabajar desde casa, o incluso a adquirir un estatus de legalidad, al salir a la luz, dejando atrás situaciones de mayor o menor sumergimiento.

Está claro que esta nueva fórmula, el coworking, está proliferando en nuestras ciudades, y está dando lugar a la aparición de un nuevo perfil empresarial “el o la coworker” que tiene una forma de entender los negocios mucho más colaborativa, mucho más global y con una perspectiva mucho más abierta a las diferentes posibilidades que pueden ofrecernos fórmulas como el networking

Así que para todos aquellos autónomos y autónomas que sientan la necesidad de salir de su aislamiento, recordad que esta fórmula abre todo un abanico de posibilidades de crecimiento e incluso de integración en una comunidad empresarial.

La culpa: esa pesada ancla que nos impide avanzar

La culpa: esa pesada ancla que nos impide avanzar

la culpa

«El hombre es víctima de una soberana demencia que le hace sufrir siempre, con la esperanza de no sufrir más. Y así la vida se le escapa sin gozar de lo ya adquirido» – Leonardo Da Vinci.

La culpa es sin lugar a dudas uno de los lastres más pesados y dolorosos con los que los humanos tenemos que intentar movernos en este mundo. Es un sentimiento autodestructivo que nos limita, que mina nuestros deseos de avanzar, de mejorar, de crecer. Aún siendo muy negativo todo esto, la culpa es capaz de hacernos algo mucho peor, y es convertirnos en seres vulnerables a la manipulación de aquellas personas que utilizarán nuestro sentimiento de culpa, nuestro dolor, para hacer de nosotros peleles incapaces de aspirar a lo que debe de ser el «leitmotiv» de todo ser humano, que no es otro que buscar la felicidad, y conseguir la autorrealización.

La culpa nos hace vivir en una constante insatisfacción, tanto con lo que conseguimos, porque nos lleva a plantearnos si realmente lo merecemos, si somos dignos para disfrutarlo; como por supuesto cuando no somos capaces de llegar. En este momento la potencia destructiva de la culpa, herramienta del ego, despliega toda su capacidad dañina. Nos machaca convenciéndonos de que no hemos trabajado lo suficiente, no lo hemos hecho bien, no lo hemos deseado lo necesario, rematando con la puntilla de hacernos creer que sencillamente, no era para nosotros, porque no teníamos derecho a ello. La culpa, la culpa, la culpa… nos convence de lo poco que somos, de los fallos que tenemos, de que debemos conformarnos con no ser felices, porque lo que nos merecemos es vivir en una sempiterna infelicidad.

Parece que buscar la felicidad, intentar alcanzar la autorrealización, son objetivos mezquinos, ya que la culpa nos lleva a creer que ser infelices y personas desdichadas es más honorable. Forma parte de nuestra tradición cultural, el entender que se viene a este mundo a padecer, a sufrir y no, a ser feliz. La culpa constantemente nos recuerda que es malo buscar la propia felicidad, el placer, la satisfacción, la autorrealización… Nos convence que esto es propio de seres egoístas, y nos hace olvidar que sólo siendo felices, sintiéndonos de completamente realizados, podremos dar lo mejor de nosotros mismos a los demás, a todas aquellas personas que nos interesan de verdad.

Al final, si no somos capaces en un momento determinado de romper con ese lastre, la culpa nos llevará a pasar sin pena ni gloria por este mundo, no nos dejará brillar, y nos impedirá sacar la mejor versión de nosotros mismos. Nos llevará a machacarnos constantemente por lo que no hemos conseguido, pero olvidándose de recordarnos los obstáculos que hayamos podido superar. Estos serán relevados por la culpa al ostracismo, ya que podrían servir como punto de agarre para impulsarnos en busca de nuestra felicidad, y esto por supuesto, nuestro ego no lo quiere.

Pero es importante ser conscientes de una realidad, y sobre todo creerlo y ponerlo en práctica mediante la acción. Nos referimos a que por supuesto se puede romper con este sentimiento, porque podemos vencer a nuestro ego, y también relegar a su valido, la culpa. Es muy importante que lo creamos, y sobre todo que lo hagamos. Está en nuestras manos revelarnos y actuar en consecuencia para luchar por lo que realmente nos hace felices, sea lo que sea. Nadie puede decirnos para qué servimos o para qué no. Nadie puede marcarnos nuestros límites, porque sólo a nosotros nos compete descubrirlos, pero para eso, tendremos que hacer para comprobar realmente dónde están y si somos capaces o no de superarlos. No dejemos que nadie jamás nos diga, «tú no puedes, tú no vales, tú no sirves». Cada uno de nosotros, con sus acciones y con sus deseos tiene q ser el responsable de su éxito, de su fracaso, de su felicidad o de su desgracia. Hazlo. Empieza desde ya. No dejes que mañana cuando mires hacia atrás y busques un hacia delante, la culpa te ciegue y te convenza de que no mereces ser feliz. Todos y todas la merecemos, pese a lo que nuestra cultura y nuestra propia religión nos han hecho creer lo contrario.

Empieza desde hoy a buscar tu felicidad, sin sentirte culpable por ello, mañana puede ser tarde. Así que sólo queda una cosa que hacer.

¡¡¡¡¡Vive!!!!!

https://www.youtube.com/watch?v=ii9tpjBr5Lc