Agradece a quien está cuando el mundo se fue

Agradece a quien está cuando el mundo se fue

Agradece a quien está cuando el mundo se fue

Agradece a quien está cuando el mundo se fue

“Falta mucho por aprender, me tocó volar sin alas, decir adiós sin morirme, y renunciar a mi destino para escribir otro” – Anónimo

Hoy toca reflexionar sobre aquellas personas que nos acompañan o por el contrario nos abandonan a lo largo de nuestro camino. Siempre se ha dicho, y realmente creemos que todos y todas lo hemos comprobado en algún momento de nuestra vida que es mucho más fácil mirar a los lados y que estemos acompañados, cuando las cosas van bien, y sin embargo cuando se tornan duras, es también muy posible que cuando miremos a los lados, no veamos nada, ni a nadie más allá de a nuestra propia sombra.

Cuando toca lo feo, lo duro, la lucha, la batalla, la lágrima, el esfuerzo, es realmente cuando necesitaríamos tener a aquellas personas que se supone que nos aprecian, o que nos quieren, o en definitiva, aquellas personas que dicen que somos importantes para ellas, pero muchas veces, este es el momento en el que saltan del barco, porque para qué engañarnos, las maduras son muy bonitas, las duras no tanto. Por eso, hay que reconocer que todos tendríamos que pasar momentos realmente duros en nuestra vida, porque así podríamos más fácilmente discernir sobre las personas a las que les importamos y sobre aquellas que simplemente se importan así mismas. Hay una imagen que representa muy bien este momento, y es el de un perro cuando sale del agua, un perro de lanas que empieza a moverse convulsivamente para sacarse de encima todo el agua sobrante. Pues bien, eso es lo que nosotros, los seres humanos, también tendríamos que hacer en ocasiones, pero no con respecto al agua, sino que a otros seres, más o menos, humanos pero que en muchos casos tienen realmente un comportamiento más de parásitos que de otra cosa.

Ahora bien, ya que hemos visualizado qué es lo que hay que hacer con aquellos que no merecen estar a nuestro lado, simplemente por deslealtad, por interés, o por lo que sea. Vamos a centrarnos en aquellas personas que sí se quedan. O mejor aún en las que aparecen en estos momentos. Estas son las auténticas. En la época del ocaso, de la tristeza, del miedo, de la oscuridad, cuando los brillos desaparecen y la mayoría de las luces se apagan, hay que ser muy valiente para llegar a la vida de alguien, y para no sólo no salir corriendo, sino que para decir:

“ vamos, yo te guío, si quieres mi luz, aquí la tienes, déjate llevar, déjate acompañar, déjate ayudar. No tienes porqué ser superman/superwoman, y no tienes porqué salvar el mundo en solitario. Sólo haz lo que tienes que hacer. No va a ser fácil. Te vas a caer mil veces. Vas a tener zancadillas que van a llegar por todos los frentes. Pero si cada vez que te caes, te levantas, si cada vez que te zancadillean aprendes, no te preocupes, porque tú vas a ser quién sea capaz de salir, de seguir, de resurgir. Yo estoy aquí para ayudarte, yo estoy aquí para guiarte, para orientarte, y cuando te desvíes, por supuesto para recriminarte, y para demostrarte tus errores. Tú sólo tienes que hacer y hacer. No dejarte vencer, ni por los de fuera, ni por supuesto por el peor enemigo, el que habita dentro de ti. El que en muchas ocasiones te va a decir. “¿Para qué te levantas ya?; Vámonos a dormir, si da igual; no te preocupes, mañana lo harás. Si no puedes, déjalo, qué le vamos a hacer”. A ese es al que no debes de escuchar. Contra ese es contra el que más alerta debes estar, porque yo podré estar a tu lado, pero será una guerra que deberás batir solo, en la que habrá miles de batallas. No te engañes, por mucho que parezca que vas ganando, es un enemigo muy sibilino, y puede ocurrir que sin darte cuenta esté aprovechando tu momento de vanidad, para volver a entrar como caballo de Troya y minar el trabajo que has hecho”.

Si tienes la suerte de encontrar un faro así, que te guíe, préstale mucha atención. No dejes que se apague. Te dirá cosas feas. En muchas ocasiones te pondrá contra la espada y la pared, pero sólo así podrás tener una oportunidad para ganar la guerra.

Huye de quiénes te regalen el oído, de quiénes resalten tus virtudes aunque sean ciertas, porque así escuchando lo que ya sabes, no podrás crecer, no podrás ser mejor, no podrás vencer.

Y por supuesto, cuando la tempestad amaine, y las aguas parezcan plácidas, no olvides a quién estuvo a tu lado en la batalla. No seas desagradecido. No peques de arrogante, porque además recuerda, que en cualquier momento, la tempestad puede volver a traer un tsunami a tu vida.

¡Elige seguir intentándolo!

¡Elige seguir intentándolo!

“A partir de cierto punto no hay retorno. Ese es el punto que hay que alcanzar” – Franz Kafka

Hoy planteamos una situación que suele ser más habitual de lo que creemos, aunque a veces se asocie mucho con cuestiones como por ejemplo el deporte. Nos referimos a ese momento en el que sabes que todas las probabilidades están en tu contra. A ese momento, en el que sabes que alcanzar tu meta, es casi imposible, por no decir directamente imposible. Ese instante en el que aquellos que son “sensatos” te dicen que mejor tus esfuerzos los vuelques en otra historia, que busques nuevas metas, nuevos caminos. Ese momento en el que sólo los locos son capaces de seguir creyendo. Esa situación en la que tu objetivo es tan importante, es lo que más quieres en tu vida, y sabes que aunque nadie crea en ti, en tus posibilidades, tú eres capaz. Y eres capaz porque tienes la mayor motivación del mundo. Porque quieres cumplir tu sueño. Porque nadie te puede decir que renuncies. Porque tú eres el dueño o la dueña, de tu vida, y tú decides, incluso hasta estrellarte contra la realidad, con la realidad de los “cuerdos”.

Pero es que mientras hay vida, hay esperanza. Mientras sientas ese tambor dentro de tu pecho que te dice, adelante, adelante, sigue, sigue, nunca tienes que parar de intentarlo. Que te tengas que arrepentir de lo que salió mal. Que tengas que lamentarte por no haberlo conseguido, pero nunca, nunca, que tengas que pensar en que no lo diste todo, en que no lo intentaste todo. No te escudes en el mundo de la sensatez. De aquellos y aquellas, sabios y sabias que te dicen que no vueles tan alto, porque la caída será tremenda, de aquellos que te dicen que es mejor que pongas los pies en la tierra. De todos y todas los que piden resignación. Aceptación.

Pues nosotros decimos que no. Que puede que la caída sea no grande, sino tremenda, y a lo mejor no puedas reponerte, ¿y qué? Pero, y si finalmente somos capaces de alcanzar nuestra meta, y si nuestro esfuerzo de alguna manera, tiene su recompensa, y si finalmente podemos decirle hola al mundo desde la cima de nuestra meta. Desde la felicidad de haber alcanzado nuestro sueño. Desde la plenitud de saber que tu esfuerzo, tu constancia, tu decisión, tu locura te ha llevado a dónde realmente querías ir.

Ojo, esto no significa que tengamos una visión idílica de la vida. Que creamos que los sueños siempre se consiguen, que las metas siempre se alcanzan. Para nada. Hay veces en las que simplemente, después de darlo todo, de dejarte la piel, por diferentes motivos, tienes que quedarte con la miel en los labios, o incluso con la hiel. Pero eso no va a hacer que nos convirtamos en avestruces, que esconden su cabecita. Eso no va a hacer que digamos como en la fábula de la zorra y las uvas, cuando no fue capaz de alcanzarlas que seguro que no estarían buenas. NOOOOO. Nadie es quién para dar consejos, cada cual tiene que vivir su propia vida, elegir su propio camino y luchar por alcanzar sus metas. Pero desde la mayor humildad y con el corazón en la mano, sí que queremos decíos que nadie puede ser quién protagonice vuestra vida, ni quien la dirija. El guión no está escrito, por lo que el final es incierto. Cuando se quiere algo de verdad, sólo cabe hacer una cosa, intentar alcanzarlo por todos los medios. Y si al final, por lo que sea no hemos podido llegar, que al menos no nos quede el resquemor de no haberlo dado todo, de no haberlo intentado todo. No te rindas. Está claro que esto no es fácil, y que evidentemente ponerlo sobre un papel es trivial. Lo duro es hacerlo. Cuando ya crees que no tiene sentido, cuando piensas que todo se ha perdido, volver a levantarse y seguir intentándolo. Claro que no es fácil, de hecho es muy duro, es horrible. Te duele todo, lo físico y lo psíquico. Tienes momentos de soledad, de agobio. Instantes en los que empiezas a dudar de si finalmente podrás o no. Pero si realmente quieres alcanzar tu meta. No dejes de intentarlo, nunca. Y por supuesto, pese a todo, nadie te garantiza que puedas lograrlo, pero al menos, te quedará el saber que ni siquiera tú te puedes recriminar ni lo más mínimo, porque lo intentaste de todas las maneras posibles.

Como se dice en el mundo del deporte, por muy mal que esté el tanteador, nunca bajes los brazos, nunca te rindas antes del pitido final. Lucha, lucha, lucha. Haz, haz y haz. Y recuerda que un ganador es un perdedor que no se rindió.

¿Qué ves en el futuro? ¿Lo inalcanzable? ¿Lo desconocido? ¿Una oportunidad? ¿Te vas a rendir?

Os dejamos por aquí este vídeo que alguna vez ya os hemos recomendado, pero ciertamente, se puede decir más alto, pero creo que es imposible hacerlo más claro. Disfrutadlo.

¡Explotando el potencial de los más peques!

¡Explotando el potencial de los más peques!

foto sandra campaña plap!Esta semana inauguramos una nueva sección y es que en El Grial hemos decidido contar historias de emprendedores y emprendedoras. Historias de personas reales de carne y hueso que han sido valientes y han decidido lanzarse al mundo de la empresa y convertir en realidad sus sueños, sus anhelos, sus deseos.

Comenzamos con Sandra Campaña. Ella es la dueña y la “inventora” de plap!. Ingeniera Química e Ingeniera Técnica Industrial de formación, con treinta y siete años de edad, mamá de una peque y en breve de otro que viene en camino, es la artífice de este centro para niños y niñas, que presenta una propuesta original y diferente y que tiene un nombre que nos recuerda a la pequeña explosión que se produce cuando una pompa estalla.

La primera pregunta Sandra es casi obligada, ¿por qué una ingeniera decide dedicarse a la formación de niños y niñas? ¿Cómo surge la idea de montar plap!?

Los niños siempre me han gustado y me motivaba la idea de trabajar con ellos. Cuando comencé con el Centro, lo enfoqué al apoyo escolar y las clases particulares, para que mejoraran su rendimiento académico. La idea estaba bien, pero tengo que reconocer que me daba mucha pena ver a los niños haciendo lo mismo que hacían en el colegio, y prácticamente de la misma manera. Lo cierto es que estaban toda la mañana sentados en una silla haciendo fichas, y luego venían a nuestro Centro por la tarde, para hacer más de lo mismo. Así que pensé que tenía que ofrecer, algo diferente, de alguna manera me sentía en la necesidad de ofrecerles otro tipo de actividades. Quería que los niños y niñas tuvieran la posibilidad de hacer cosas más entretenidas, actividades más divertidas y en las que a través de diferentes herramientas, pudieran desarrollar habilidades que les permitan superar los retos diarios del colegio y de la vida, y todo ello, ¡sin tener necesariamente que estudiar!. Sólo divertirse y aprender.

La verdad es que suena muy bien, pero entonces ¿qué es plap!?

Plap! es un centro de formación diferente y especializado, en el que los niños y las niñas aprenden recuperando la filosofía del juego. Nuestro método de enseñanza hace que se apasionen, se diviertan, descubran nuevas posibilidades, desarrollen habilidades, y sobre todo que exploten todo su potencial. Es la plasmación de alguna manera de todas las inquietudes que te he comentado que tenía y que he podido desarrollar a través precisamente de plap!

Y si miramos por ahí, y vemos las distintas ofertas que existen, ¿qué dirías que tiene de diferente plap!?

Que todos los programas que ofrecemos, incluso los idiomas, son especiales y están pensados para que los niños y niñas desarrollen la concentración, la memoria, la creatividad, la imaginación, la autonomía, la autoconfianza y los valores humanos. Y de verdad, no son sólo palabras bonitas, es la auténtica realidad.

¿Qué actividad elegir para nuestros hijos, algún consejo que nos ayude?

Si tu hijo o hija es muy curioso y apunta maneras para las ciencias y la tecnología, personalmente te recomendaría que lo trajeses a nuestras clases de ROBITEC (robótica y tecnología educativa).

UCMAS (cálculo mental con ábaco) es ideal para desarrollar la concentración, la memoria y la creatividad, y funciona muy bien con niños responsables que están acostumbrados a llevar una rutina de deberes diaria y se pican con las mates.

Si tienes un hijo o hija de 3 ó 4 años, sin duda te recomiendo dos programas: por un lado, PEQUEMÁS. Este está especialmente pensado para conseguir una estimulación intelectual temprana. Con este programa, iniciamos a los niños y niñas, además, en el conocimiento de los números, las palabras y la inteligencia emocional. Por otro lado, está el INGLES CON JOLLY PHONICS. Este es un método totalmente contrastado y fiable que utilizan el 90% de los colegios públicos británicos en el que los niños y niñas aprenden la lengua materna inglesa en base a los sonidos. Trabajan divirtiéndose, y hablan inglés de una forma natural. Y por cierto será la primera vez que se implante en Granada.

Si realmente te preocupa que tus hijos hablen y aprendan inglés, tengo que destacar que nuestro método, Jolly Phonics es ideal para niños de 3 a 12 años por lo que te he explicado anteriormente. Pero es que además, a partir de los 8 años los comenzamos a preparar a los niños y niñas para la superación de los exámenes de Cambridge, que tan necesarios son para su futuro. Es obvio que los niños y niñas de mañana deben ser prácticamente bilingües. Es lo que les va a tocar.

Y por último, si buscas algo totalmente diferente y valoras el aprendizaje no ya sólo de otro idioma, sino que además de otras culturas, en ese caso, no lo dudes y trae a tus hijos o hijas a aprender CHINO. El chino es el idioma del futuro y además es una actividad con la que los estudiantes incrementan su capacidad de memoria, utilizan la lógica y adquieren nuevas habilidades fonéticas. Realmente es apasionante el aprendizaje de esta lengua y a los niños y las niñas les abre la mente de par en par.

¿Cómo valoras la experiencia hasta ahora con el centro?

Muy positiva, ya que cada año hemos ido creciendo un poco más y hemos ido asumiendo e incorporando nuevos desafíos. Es realmente un placer poder trabajar con los niños y niñas que mañana tendrán el futuro en sus manos y saber que de alguna manea estás colaborando en la construcción de ese futuro.

¿Cuál es tu sueño para plap!?

Que los niños y niñas que vengan a plap!, lo hagan ilusionados y muy muy motivados. Que sean ellos los que les pidan a sus padres venir a plap! porque se divierten y aprenden un montón. Y sobre todo, que se vayan con resultados y mejoras visibles en sus habilidades. Ese se mi sueño que los peques disfruten, aprendan y los ayudemos a crecer y a enfrentar la vida y que por supuesto los papás y las mamás estén tan contentos.

¿Cuál es el sueño de Sandra?

Paz interior para mí y para todo el mundo. Ahora estamos a prinicipio de curso en plena campaña de comienzo y esto es muy estresante. Pero lo vivo con mucha ilusión y con enormes ganas.

Y para terminar, ¿para cuándo el nuevo miembro de la familia?

Para diciembre de este año. Está colaborando también de alguna manera este año en la puesta en marcha de esta maravillosa locura que es plap!

 Muchas gracias, Sandra y mucha suerte en esta aventura, como tú la llamas

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¿Por qué hacemos las cosas?

¿Por qué hacemos las cosas?

Por qué hacemos las cosas

“Nunca es tarde para comenzar a hacer las cosas bien”– Anónimo

Hoy paramos en seco para mirar a nuestro alrededor y plantear una cuestión que de alguna manera ya ha ido saliendo a lo largo de estos meses, pero a la que hoy queremos dedicar especialmente un tiempo. Se trata de algo que puede parecer muy básico, pero que a veces no lo es tanto. Porque ¿Cuál es la motivación que hay tras nuestros actos?. Cuando hacemos cosas, e incluso algunas veces moviendo montañas, ¿por qué lo hacemos? ¿Por quién lo hacemos? ¿Qué es lo que realmente buscamos con nuestros actos? ¿La autocomplacencia? La tranquilidad del deber cumplido? ¿El reconocimiento de los demás? ¿Qué, qué, qué?

Está claro que no hay razones buenas y razones malas para hacer las cosas. Lo importante es hacerlas, independientemente de cuáles sean esas razones, aunque sí que podemos encontrar un matiz importante. La motivación que tengamos para actuar nos hará ser más o menos constantes, más o menos rotundos en nuestros actos, más o menos pertinaces en la consecución de aquello que buscamos, de aquello que queremos, incluso más o menos libres.

Hacer las cosas sólo pensando en los demás, en la notoriedad, la fama, la recompensa y el reconocimiento público, es algo muy de nuestro ego. Normalmente este tipo de comportamientos termina por no hacernos felices, por no sentirnos plenos, porque en algún momento nos perdemos de lo que realmente somos, nos olvidamos de qué es lo que realmente queríamos y sobre todo, sin darnos cuenta dejamos de ser fieles a nuestros sueños. Comentemos infidelidades con los sueños de los demás, con los actos que se suponen nos harán más importantes, recorremos caminos que no son los nuestros, nos dejamos llevar, por lo que los demás nos marcan y al final, el día que nos paramos, nos miramos a un espejo y no nos reconocemos. Entonces miramos hacia atrás intentando buscar el momento, intentando encontrar la primera decisión que hizo que dejáramos de buscar nuestro grial particular. En este caso sólo cabe decir una cosa, tal vez porque se ha vivido en carnes propias, y es que cualquier momento es bueno para retomar el camino que realmente queremos seguir. Por duras que sean las piedras, y gordas, y hasta con pinchos, nunca es lo realmente tarde para convertirnos en los protagonistas de nuestra existencia y para decidir que el camino que vamos a seguir es decisión nuestra.

Dejar a un lado la búsqueda del aplauso de los demás, de la complacencia ajena, de la palmadita en la espalda, y hacer las cosas siendo fieles a nosotros mismos, es lo que a la larga nos traerá el verdadero reconocimiento. Y este reconocimiento no es otro que el de nosotros mismos. ¿De qué nos sirve que el resto del mundo nos vea gigantes cuando nosotros realmente sabemos que somos simples hormigas a las que fácilmente se puede aplastar? Cuando por la noche nos vamos a la cama con nosotros mismos no podemos engañarnos, o si lo hacemos dura poco. Nosotros sabemos nuestra auténtica verdad y eso lo queramos o no, nos persigue y es imposible huir.

Dejemos las excusas, asumamos los retos, pidamos perdón por nuestros errores, pero no traslademos a terceros nuestras responsabilidades. Ser el protagonista de nuestra propia vida no es fácil. Ser el actor o la actriz principal supone mucho trabajo, supone arriesgarse y asumir que en ese arriesgarse nos podemos equivocar y que después tendremos que hacer frente a las consecuencias que se devengan de nuestras acciones o inacciones.

Si por el contrario tenemos un papel secundario en la película de nuestra vida, probablemente todo sea más fácil, más cómodo, menos duro. Sufriremos menos y seguro que nos equivocaremos menos también, porque seguiremos los designios de los demás. Haremos un camino más cómodo, conociendo las paradas y los cruces que hay que tomar, pero también siendo conscientes de que ese NO es nuestro camino, es el de otros.

Yo opto por luchar por mi camino. Es angosto. Está lleno de baches. Las piedras que encuentro son más altas que yo. Hay pinchos. Es un camino feo. Pero es el mío. Hay veces lo reconozco, que me canso, que quiero gritar y que por momentos me quedo detrás de una piedra, escondiéndome un rato para así poder tomar aliento. Es cierto que sueño con que algunos pinchos desaparezcan, con que las piedras se hundan un poco y sean menos grandes, menos gordas… pero no obstante, en el fondo sé que esto no va a pasar, en todo caso, en vez de hacerse más pequeñas, se hacen más grandes, porque aunque las piedras se suponen que no están vivas, las que encuentras en el camino sí lo están, y no sólo crecen, si no que hasta se transforman, a veces sólo con la intención de confundirnos y desviarnos. Pero hay que aprender a rectificar, a levantarse después de caerse, a pedir perdón por los errores y las faltas, y a seguir hacia delante, intentando seguir siendo fiel a uno mismo, y haciendo propósito real de enmienda, de no volver a tropezar. Aunque ya dice el refrán que el hombre (y por ende la mujer) es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

Elegir el camino ¿trato o truco?

Elegir el camino ¿trato o truco?

Elegir el camino

“Si eres lo suficiente afortunado como para ser diferente de todos los demás, no cambies” – Taylor Swift

Ser diferente mola, es cool. No someterse a los cánones sociales es algo que alabamos, es algo que nos parece interesante, rebelde, guay… pero ¿mentimos o lo creemos de verdad? Es muy fácil decir a los demás que no importa que estés pasado o pasada de peso, o que no seas una guapura, porque “la belleza está en el interior”. Animar a quien quiere hacer cosas que se salgan de lo común para que se lance al vacío, muchas veces incluso sabiendo que se va a estrellar, pero lo hacemos, animamos a esas personas. Nos parece que es mucho mejor y mucho más interesante ser diferentes, ser nosotros mismos, y ese es el consejo que damos a los demás, que se atrevan, que lo hagan, que persigan sus sueños, pero ¿y nosotros? ¿qué hacemos?

A nivel teórico y como idea romántica, ser diferentes nos parece genial, pero cuando lo eres, y tienes que vivir con esa diferencia, sea la que sea, entonces ya no te lo parece tanto. Nos da miedo ser quiénes somos, porque el no ser como los demás, implica el vivir de otra manera, el tener otras reglas, el asumir retos, el hacer otras cosas. En definitiva el salir del círculo de comodidad. Abrir una puerta nueva, sin saber lo que nos vamos a encontrar detrás y esto asusta, y asusta mucho, porque lo desconocido nos aterra. Muchas veces como dice el refrán preferimos “lo malo conocido, en vez de lo bueno por conocer” y eso tristemente en muchas ocasiones nos hace llevar existencias anodinas, nos hace ser personas grises, no brillar, no lucir, no ser felices, pero claro… sabemos dónde estamos, sabemos dónde vamos, sabemos lo que podemos esperar. Vivimos en la tranquilidad y en la comodidad de lo “conocido” de lo “esperable” y con eso nos conformamos. Tenemos nuestros momentos de rebeldía cuando le decimos a los demás que se lancen a esto o a aquello, porque en el fondo lo que sentimos es una tremenda envidia, porque tal vez ellos o ellas se atrevan a hacerlo, mientras que nosotros seguimos siendo “políticamente correctos”, seguimos siendo “totalmente aburridos”. Lo peor de todo es que muchas veces tenemos conciencia de qué es así, pero pese a ello no nos atrevemos a ser ridículos, no nos atrevemos a mostrar nuestros errores, o a caernos, o a sufrir, o a lastimarnos. No, seguimos el camino establecido, aunque este camino nos haga sentir muñecos o muñecas de goma, que mantienen una sonrisa marcada en la boca, mientras aprendemos a vivir, sin padecer. En el fondo, nadie quiere esto, nadie quiere vivir así, todos y todas preferiríamos ser “locos felices”, antes que “cuerdos tristes”, pero hay algo que nos atenaza, que nos impide luchar por lo que de verdad queremos, y eso es el miedo, es nuestro ego en forma de pepito grillo que repite una y otra vez que es mejor “lo malo conocido que lo bueno por conocer”.

Desde aquí no se trata y nunca se ha tratado, ni se tratará de decir a nadie lo que tiene o no que hacer, lo que debe o no hacer. Este espacio sólo pretende ser una puerta que se abre para la reflexión, y que en todo momento parte de una realidad práctica de quién lo plantea. Recordado esto, sólo querríamos decir una cosa con respecto al tema de hoy.

Da miedo ser diferente, da miedo querer cosas distintas a las que anhela el resto. Nos asusta abrir puertas sin saber lo que hay detrás, o asomarnos a ventanas que ni siquiera sabíamos que existían, pero merece la pena. Nadie puede asegurar que las cosas salgan bien. Nadie nos puede decir que nos alegraremos, que seremos más felices, si somos capaces de querer otras cosas. Pero sí hay una cosa cierta. Atrevernos a hacer lo que realmente queremos, independientemente de que sea más o menos correcto de cara a los cánones de la sociedad, nos hace sentir cómo la vida corre por nuestras entrañas. Pensemos que la mayoría de las cosas que hoy nos parecen absolutas, o correctas, son simples realidades culturales. Así que desde la experiencia propia, pese al dolor, a la incertidumbre, al error, a la equivocación, a meter la pata… a todo, es mejor ser valiente. Como decíamos hace algunas semanas, mejor es lamentarse por lo que se ha hecho, que arrepentirse por lo que no se fue capaz de hacer. Es mejor tener y después que perder, que nunca haber tenido.

A fin de cuentas, de lo que estamos hablando es de que es mejor vivir, sentir, sufrir, llorar, reír, gritar, bailar, tropezar… que ser una figura de plástico, tan correcta, tan bonita, tan perfecta… tan muerta. Esta es una visión totalmente personal, sólo necesitamos ser humildes para aprender. ¿Y tú? ¿Qué prefieres? ¿A qué te atreves? ¿Te vienes a la zona de pánico?

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