Tiempo, divino tesoro

Tiempo, divino tesoro

“Lo efímero… ese señor llamado Tiempo, es el dueño de Nosotros, de nuestros sueños, y es el que va colocando los puntos finales en las clases que nos da la señora Vida” – Luisa Margarita García

A veces no valoramos lo suficiente el valor del tiempo. Sólo cuando nos quedamos sin él somos consciente del tesoro tan grande que supone, y del poco control que tenemos sobre el mismo. Cuando hablamos por ejemplo de los recursos de una empresa, se habla de recursos humanos, financieros, etc., pero pocas veces se habla del único recurso sobre el que realmente no tenemos ningún tipo de control. Este es el tiempo.

A veces, pensamos que el tiempo es un recurso ilimitado. Empezamos a dejar las cosas para mañana, para después, para más tarde, para el año que viene, para la próxima temporada, para la siguiente navidad… pero ¿qué pasa si ese “futuro” no llega? A veces, cuanto menos nos lo esperamos, nuestro tiempo se corta, se acaba, finaliza, y entonces dejamos muchos pendientes, con nosotros mismos, y sobre todo, con todos aquellos que están a nuestro alrededor, que nos quieren o que no, a los que les importamos más o menos, pero que de alguna manera nos necesitan, o nos tienen que tener en cuenta.

Nuestra soberbia, nuestra falta de previsión, y nuestra falta de consciencia acerca de lo efímero que puede ser todo en nuestra vida, nos hace que en muchas ocasiones no lleguemos a buen fin, sencilla y llanamente, porque no valoramos realmente la importancia y sobre todo la incertidumbre que tenemos con respecto a este tiempo, que por supuesto no es de carácter meteorológico, porque sobre este el hombre sí que ha aprendido a incidir.

Por ello, hoy queremos reflexionar sobre la importancia de no dejar las cosas para mañana. Es cierto que es un tema que podría parecer recurrente en esta sección. Desde que la inauguramos hemos hablado de la procrastinación, que supone no posponer las cosas que hay que hacer, y por supuesto tampoco esperar a que las cosas se resuelvan por sí solas. Estas cuestiones las hemos comentado muchas veces, y seguiremos incidiendo en este tema, porque entendemos que es fundamental y que muchas veces necesitamos o bien un tirón de orejas o bien un empujón para no caer en éste, uno de los grandes pecados capitales de los españoles y que casi va parejo en nuestro propio ADN, formando parte de nuestra propia cultura. Pero hoy vamos a dar una vuelta de tuerca a este tema, y os vamos a proponer que reflexionéis no ya sobre el tiempo, si no sobre todo lo que pretendemos es que seamos conscientes y lo suficientemente agradecidos con aquellas personas que nos dedican su tiempo, porque nos están haciendo el más grande de los regalos. Cuando una persona decide hablar con nosotros, estar con nosotros, visitarnos, pasear a nuestro lado, enseñarnos, o simplemente escucharnos, está regalándonos el más grande de los tesoros, ya que se está desprendiendo de algo que no podrá recuperar nunca.

El tiempo que nos dedican, es lo más valioso que un ser humano puede regalar a otro, ya que es un bien no sólo escaso, si no irrecuperable. Esta es una imagen y una idea que tenemos que tener presente, porque nos va a dar una imagen más clara del regalo tan maravilloso que se nos hace, lo que nos debe de llevar a que realmente valoremos en su justa medida qué es lo que se nos está dando.

Nos gustaría que os paraseis un momento para pensar en este tema. Que mentalmente analicéis a las personas que han estado a vuestro lado, en determinados momentos y con las que a lo mejor no hemos sido todo lo justos o justas que deberíamos, porque no hemos valorado en su justa medida el regalo tan maravilloso y estupendo que estaban haciéndonos. Desde aquí hemos hecho esta reflexión, y por ello queremos aprovechar este momento, este aquí y ahora, para dar las gracias a todos aquellos y aquellas que nos han dedicado su tiempo, que han tenido la paciencia de acompañarnos, o de escucharnos, que han querido estar a nuestro lado, y que nos han ayudado muchas o pocas veces, porque han decidido regalarnos ese bien, que nunca podrán recuperar. Así que simplemente gracias, no hay que decir nombres, no hay que hablar de momentos o de situaciones, porque quien tiene que darse por aludido o aludida lo sabe, y no necesita mayor reconocimiento, pero de verdad, y de corazón, Gracias por ese tiempo, gracias por ese regalo. Ahora sólo pensar en devolverlo de la misma manera, y en estar ahí cuando TE haga falta.

Gracias, siempre gracias, desde la humildad y el reconocimiento de haber recibido tanto, y con la clara convicción de estar aquí para lo que sea necesario y poder devolver de alguna manera, tanto de lo que se ha recibido.

¿Quieres renacer? Manos a la obra.

¿Quieres renacer? Manos a la obra.

quieres renacer

“Soy quien yo quiero ser, no lo que todos quieren que sea” – Anónimo

Hoy planteamos como tema de reflexión si realmente somos cómo queremos, si realmente somos lo que queremos ser. Muchas veces o en muchos momentos de nuestra vida, salimos a la calle con una máscara que es la que nos hace mostrarnos como los demás quieren que seamos, como los otros piensan que debemos ser, en definitiva como el resto decide, pero ¿eso es lo que realmente queremos?

Como dice nuestro azucarillo de hoy no podremos engañar a todos siempre, haciendo que somos lo que no somos, pero lo que es más triste, y mucho más duro, ¿nos podemos engañar a nosotros mismos? Está claro que no. Que la respuesta es no, entonces ¿Por qué no cambiamos? ¿Por qué no buscamos ser diferentes, si eso es lo que realmente queremos?

Vayamos por partes. Nuestros comportamientos y nuestras actuaciones, muchas veces son fruto de nuestro deseo de encajar, pero esta actitud ¿nos hace felices? A veces lo peor que nos puede pasar es precisamente “encajar”, porque nos volvemos grises y perdemos la oportunidad de proyectar nuestra propia luz. Otras veces no lo hacemos por miedo, o por comodidad. La pasada semana hablábamos precisamente de la procrastinación, ese dejar las cosas para mañana y así, terminar por no hacerlas nunca. Y en otras ocasiones, simplemente no encontramos aquella motivación que nos haga ser cómo queremos. El otro día, alguien comentaba que “los azucarillos a veces son rallantes”, así que vamos a hacer que este no lo sea.

Lo que queremos plantear aquí es que si realmente queremos cambiar, lo podemos hacer. Si hay cosas en nosotros que no nos gustan, si hay cosas que querríamos que fueran de otra manera, es muy fácil, empecemos a hacerlo. Sin excusas, porque realmente es posible. Vamos a ver, ¿cuántas veces hemos querido dejar de fumar? ¿Cuántas veces hemos querido hacer ejercicio?¿cuántas veces hemos querido hacer deporte? ¿Cuántas veces hemos dicho que íbamos a leer más o a bailar más o a pintarnos las uñas? Hay tantos pendientes en nuestras vidas, que siempre están ahí, que las recordamos particularmente todos los 31 de diciembre, pero que olvidamos alegremente el día 2 de enero.

Pues hoy aquí lo único que queremos decir es que SÍ, SE PUEDE. Si queremos cambiar, si realmente queremos hacerlo es fácil, LO HACEMOS. No vale que digamos, que no tenemos tiempo, que no podemos, que la próxima semana, que cuando pase el calor, o que cuando pase el frío, todo esto son sólo excusas, excusas que utilizamos de cara a los demás, porque es obvio que a nosotros mismos no nos convencen. Nueve meses es lo que dura un embarazo y es lo que necesita el ser humano para traer una nueva vida a este mundo, pues podemos asegurar que esos mismos nueve meses son más que suficiente para producir una auténtica transformación en nosotros mismos, y para que podamos convertirnos en esa persona diferente que queremos ser. Esos nueve meses nos sirven para renacer, para cambiar nuestros hábitos, para cambiar nuestra visión de las cosas, y hasta para hacer el cambio físico que queremos.

No hay excusas, de verdad, simplemente tenemos que querer, y si es así, tan fácil como ponerse las zapatillas y tirar millas, como no volver a coger un cigarrillo, mejorar la alimentación, cultivarse… Bueno, fácil no, para qué mentir, fácil porque es posible, pero sólo tenemos que estar dispuestos a trabajar duro, a no cansarnos, y a no tirar la toalla a la mínima de cambio. Constancia, constancia, y más constancia. No hay más misterio que ese. Un secreto, antes de dejarlo por hoy. Este renacer, es mucho más sencillo cuando tenemos una auténtica motivación que nos ayude a no cejar en el empeño, a no agobiarnos a la mínima de cambio, a superar los bajones, y a seguir siempre haciendo y tirando del carro.

Recordad, lo hemos dicho muchas veces, si queremos algo diferente, si buscamos algo diferente, tendremos que hacer cosas diferentes, si seguimos haciendo lo de siempre, los resultados que obtendremos serán sencilla y llanamente los de siempre. Pensad en todo esto y esperamos vuestros comentarios.

Este vídeo que compartimos con todos creemos que va a ayudar mucho en esa reflexión a la que invitamos hoy. Disfrutadlo.

https://www.youtube.com/watch?v=PNGtLMzndAw

Agradece a quien está cuando el mundo se fue

Agradece a quien está cuando el mundo se fue

Agradece a quien está cuando el mundo se fue

Agradece a quien está cuando el mundo se fue

“Falta mucho por aprender, me tocó volar sin alas, decir adiós sin morirme, y renunciar a mi destino para escribir otro” – Anónimo

Hoy toca reflexionar sobre aquellas personas que nos acompañan o por el contrario nos abandonan a lo largo de nuestro camino. Siempre se ha dicho, y realmente creemos que todos y todas lo hemos comprobado en algún momento de nuestra vida que es mucho más fácil mirar a los lados y que estemos acompañados, cuando las cosas van bien, y sin embargo cuando se tornan duras, es también muy posible que cuando miremos a los lados, no veamos nada, ni a nadie más allá de a nuestra propia sombra.

Cuando toca lo feo, lo duro, la lucha, la batalla, la lágrima, el esfuerzo, es realmente cuando necesitaríamos tener a aquellas personas que se supone que nos aprecian, o que nos quieren, o en definitiva, aquellas personas que dicen que somos importantes para ellas, pero muchas veces, este es el momento en el que saltan del barco, porque para qué engañarnos, las maduras son muy bonitas, las duras no tanto. Por eso, hay que reconocer que todos tendríamos que pasar momentos realmente duros en nuestra vida, porque así podríamos más fácilmente discernir sobre las personas a las que les importamos y sobre aquellas que simplemente se importan así mismas. Hay una imagen que representa muy bien este momento, y es el de un perro cuando sale del agua, un perro de lanas que empieza a moverse convulsivamente para sacarse de encima todo el agua sobrante. Pues bien, eso es lo que nosotros, los seres humanos, también tendríamos que hacer en ocasiones, pero no con respecto al agua, sino que a otros seres, más o menos, humanos pero que en muchos casos tienen realmente un comportamiento más de parásitos que de otra cosa.

Ahora bien, ya que hemos visualizado qué es lo que hay que hacer con aquellos que no merecen estar a nuestro lado, simplemente por deslealtad, por interés, o por lo que sea. Vamos a centrarnos en aquellas personas que sí se quedan. O mejor aún en las que aparecen en estos momentos. Estas son las auténticas. En la época del ocaso, de la tristeza, del miedo, de la oscuridad, cuando los brillos desaparecen y la mayoría de las luces se apagan, hay que ser muy valiente para llegar a la vida de alguien, y para no sólo no salir corriendo, sino que para decir:

“ vamos, yo te guío, si quieres mi luz, aquí la tienes, déjate llevar, déjate acompañar, déjate ayudar. No tienes porqué ser superman/superwoman, y no tienes porqué salvar el mundo en solitario. Sólo haz lo que tienes que hacer. No va a ser fácil. Te vas a caer mil veces. Vas a tener zancadillas que van a llegar por todos los frentes. Pero si cada vez que te caes, te levantas, si cada vez que te zancadillean aprendes, no te preocupes, porque tú vas a ser quién sea capaz de salir, de seguir, de resurgir. Yo estoy aquí para ayudarte, yo estoy aquí para guiarte, para orientarte, y cuando te desvíes, por supuesto para recriminarte, y para demostrarte tus errores. Tú sólo tienes que hacer y hacer. No dejarte vencer, ni por los de fuera, ni por supuesto por el peor enemigo, el que habita dentro de ti. El que en muchas ocasiones te va a decir. “¿Para qué te levantas ya?; Vámonos a dormir, si da igual; no te preocupes, mañana lo harás. Si no puedes, déjalo, qué le vamos a hacer”. A ese es al que no debes de escuchar. Contra ese es contra el que más alerta debes estar, porque yo podré estar a tu lado, pero será una guerra que deberás batir solo, en la que habrá miles de batallas. No te engañes, por mucho que parezca que vas ganando, es un enemigo muy sibilino, y puede ocurrir que sin darte cuenta esté aprovechando tu momento de vanidad, para volver a entrar como caballo de Troya y minar el trabajo que has hecho”.

Si tienes la suerte de encontrar un faro así, que te guíe, préstale mucha atención. No dejes que se apague. Te dirá cosas feas. En muchas ocasiones te pondrá contra la espada y la pared, pero sólo así podrás tener una oportunidad para ganar la guerra.

Huye de quiénes te regalen el oído, de quiénes resalten tus virtudes aunque sean ciertas, porque así escuchando lo que ya sabes, no podrás crecer, no podrás ser mejor, no podrás vencer.

Y por supuesto, cuando la tempestad amaine, y las aguas parezcan plácidas, no olvides a quién estuvo a tu lado en la batalla. No seas desagradecido. No peques de arrogante, porque además recuerda, que en cualquier momento, la tempestad puede volver a traer un tsunami a tu vida.

¡Elige seguir intentándolo!

¡Elige seguir intentándolo!

“A partir de cierto punto no hay retorno. Ese es el punto que hay que alcanzar” – Franz Kafka

Hoy planteamos una situación que suele ser más habitual de lo que creemos, aunque a veces se asocie mucho con cuestiones como por ejemplo el deporte. Nos referimos a ese momento en el que sabes que todas las probabilidades están en tu contra. A ese momento, en el que sabes que alcanzar tu meta, es casi imposible, por no decir directamente imposible. Ese instante en el que aquellos que son “sensatos” te dicen que mejor tus esfuerzos los vuelques en otra historia, que busques nuevas metas, nuevos caminos. Ese momento en el que sólo los locos son capaces de seguir creyendo. Esa situación en la que tu objetivo es tan importante, es lo que más quieres en tu vida, y sabes que aunque nadie crea en ti, en tus posibilidades, tú eres capaz. Y eres capaz porque tienes la mayor motivación del mundo. Porque quieres cumplir tu sueño. Porque nadie te puede decir que renuncies. Porque tú eres el dueño o la dueña, de tu vida, y tú decides, incluso hasta estrellarte contra la realidad, con la realidad de los “cuerdos”.

Pero es que mientras hay vida, hay esperanza. Mientras sientas ese tambor dentro de tu pecho que te dice, adelante, adelante, sigue, sigue, nunca tienes que parar de intentarlo. Que te tengas que arrepentir de lo que salió mal. Que tengas que lamentarte por no haberlo conseguido, pero nunca, nunca, que tengas que pensar en que no lo diste todo, en que no lo intentaste todo. No te escudes en el mundo de la sensatez. De aquellos y aquellas, sabios y sabias que te dicen que no vueles tan alto, porque la caída será tremenda, de aquellos que te dicen que es mejor que pongas los pies en la tierra. De todos y todas los que piden resignación. Aceptación.

Pues nosotros decimos que no. Que puede que la caída sea no grande, sino tremenda, y a lo mejor no puedas reponerte, ¿y qué? Pero, y si finalmente somos capaces de alcanzar nuestra meta, y si nuestro esfuerzo de alguna manera, tiene su recompensa, y si finalmente podemos decirle hola al mundo desde la cima de nuestra meta. Desde la felicidad de haber alcanzado nuestro sueño. Desde la plenitud de saber que tu esfuerzo, tu constancia, tu decisión, tu locura te ha llevado a dónde realmente querías ir.

Ojo, esto no significa que tengamos una visión idílica de la vida. Que creamos que los sueños siempre se consiguen, que las metas siempre se alcanzan. Para nada. Hay veces en las que simplemente, después de darlo todo, de dejarte la piel, por diferentes motivos, tienes que quedarte con la miel en los labios, o incluso con la hiel. Pero eso no va a hacer que nos convirtamos en avestruces, que esconden su cabecita. Eso no va a hacer que digamos como en la fábula de la zorra y las uvas, cuando no fue capaz de alcanzarlas que seguro que no estarían buenas. NOOOOO. Nadie es quién para dar consejos, cada cual tiene que vivir su propia vida, elegir su propio camino y luchar por alcanzar sus metas. Pero desde la mayor humildad y con el corazón en la mano, sí que queremos decíos que nadie puede ser quién protagonice vuestra vida, ni quien la dirija. El guión no está escrito, por lo que el final es incierto. Cuando se quiere algo de verdad, sólo cabe hacer una cosa, intentar alcanzarlo por todos los medios. Y si al final, por lo que sea no hemos podido llegar, que al menos no nos quede el resquemor de no haberlo dado todo, de no haberlo intentado todo. No te rindas. Está claro que esto no es fácil, y que evidentemente ponerlo sobre un papel es trivial. Lo duro es hacerlo. Cuando ya crees que no tiene sentido, cuando piensas que todo se ha perdido, volver a levantarse y seguir intentándolo. Claro que no es fácil, de hecho es muy duro, es horrible. Te duele todo, lo físico y lo psíquico. Tienes momentos de soledad, de agobio. Instantes en los que empiezas a dudar de si finalmente podrás o no. Pero si realmente quieres alcanzar tu meta. No dejes de intentarlo, nunca. Y por supuesto, pese a todo, nadie te garantiza que puedas lograrlo, pero al menos, te quedará el saber que ni siquiera tú te puedes recriminar ni lo más mínimo, porque lo intentaste de todas las maneras posibles.

Como se dice en el mundo del deporte, por muy mal que esté el tanteador, nunca bajes los brazos, nunca te rindas antes del pitido final. Lucha, lucha, lucha. Haz, haz y haz. Y recuerda que un ganador es un perdedor que no se rindió.

¿Qué ves en el futuro? ¿Lo inalcanzable? ¿Lo desconocido? ¿Una oportunidad? ¿Te vas a rendir?

Os dejamos por aquí este vídeo que alguna vez ya os hemos recomendado, pero ciertamente, se puede decir más alto, pero creo que es imposible hacerlo más claro. Disfrutadlo.

¿Por qué hacemos las cosas?

¿Por qué hacemos las cosas?

Por qué hacemos las cosas

“Nunca es tarde para comenzar a hacer las cosas bien”– Anónimo

Hoy paramos en seco para mirar a nuestro alrededor y plantear una cuestión que de alguna manera ya ha ido saliendo a lo largo de estos meses, pero a la que hoy queremos dedicar especialmente un tiempo. Se trata de algo que puede parecer muy básico, pero que a veces no lo es tanto. Porque ¿Cuál es la motivación que hay tras nuestros actos?. Cuando hacemos cosas, e incluso algunas veces moviendo montañas, ¿por qué lo hacemos? ¿Por quién lo hacemos? ¿Qué es lo que realmente buscamos con nuestros actos? ¿La autocomplacencia? La tranquilidad del deber cumplido? ¿El reconocimiento de los demás? ¿Qué, qué, qué?

Está claro que no hay razones buenas y razones malas para hacer las cosas. Lo importante es hacerlas, independientemente de cuáles sean esas razones, aunque sí que podemos encontrar un matiz importante. La motivación que tengamos para actuar nos hará ser más o menos constantes, más o menos rotundos en nuestros actos, más o menos pertinaces en la consecución de aquello que buscamos, de aquello que queremos, incluso más o menos libres.

Hacer las cosas sólo pensando en los demás, en la notoriedad, la fama, la recompensa y el reconocimiento público, es algo muy de nuestro ego. Normalmente este tipo de comportamientos termina por no hacernos felices, por no sentirnos plenos, porque en algún momento nos perdemos de lo que realmente somos, nos olvidamos de qué es lo que realmente queríamos y sobre todo, sin darnos cuenta dejamos de ser fieles a nuestros sueños. Comentemos infidelidades con los sueños de los demás, con los actos que se suponen nos harán más importantes, recorremos caminos que no son los nuestros, nos dejamos llevar, por lo que los demás nos marcan y al final, el día que nos paramos, nos miramos a un espejo y no nos reconocemos. Entonces miramos hacia atrás intentando buscar el momento, intentando encontrar la primera decisión que hizo que dejáramos de buscar nuestro grial particular. En este caso sólo cabe decir una cosa, tal vez porque se ha vivido en carnes propias, y es que cualquier momento es bueno para retomar el camino que realmente queremos seguir. Por duras que sean las piedras, y gordas, y hasta con pinchos, nunca es lo realmente tarde para convertirnos en los protagonistas de nuestra existencia y para decidir que el camino que vamos a seguir es decisión nuestra.

Dejar a un lado la búsqueda del aplauso de los demás, de la complacencia ajena, de la palmadita en la espalda, y hacer las cosas siendo fieles a nosotros mismos, es lo que a la larga nos traerá el verdadero reconocimiento. Y este reconocimiento no es otro que el de nosotros mismos. ¿De qué nos sirve que el resto del mundo nos vea gigantes cuando nosotros realmente sabemos que somos simples hormigas a las que fácilmente se puede aplastar? Cuando por la noche nos vamos a la cama con nosotros mismos no podemos engañarnos, o si lo hacemos dura poco. Nosotros sabemos nuestra auténtica verdad y eso lo queramos o no, nos persigue y es imposible huir.

Dejemos las excusas, asumamos los retos, pidamos perdón por nuestros errores, pero no traslademos a terceros nuestras responsabilidades. Ser el protagonista de nuestra propia vida no es fácil. Ser el actor o la actriz principal supone mucho trabajo, supone arriesgarse y asumir que en ese arriesgarse nos podemos equivocar y que después tendremos que hacer frente a las consecuencias que se devengan de nuestras acciones o inacciones.

Si por el contrario tenemos un papel secundario en la película de nuestra vida, probablemente todo sea más fácil, más cómodo, menos duro. Sufriremos menos y seguro que nos equivocaremos menos también, porque seguiremos los designios de los demás. Haremos un camino más cómodo, conociendo las paradas y los cruces que hay que tomar, pero también siendo conscientes de que ese NO es nuestro camino, es el de otros.

Yo opto por luchar por mi camino. Es angosto. Está lleno de baches. Las piedras que encuentro son más altas que yo. Hay pinchos. Es un camino feo. Pero es el mío. Hay veces lo reconozco, que me canso, que quiero gritar y que por momentos me quedo detrás de una piedra, escondiéndome un rato para así poder tomar aliento. Es cierto que sueño con que algunos pinchos desaparezcan, con que las piedras se hundan un poco y sean menos grandes, menos gordas… pero no obstante, en el fondo sé que esto no va a pasar, en todo caso, en vez de hacerse más pequeñas, se hacen más grandes, porque aunque las piedras se suponen que no están vivas, las que encuentras en el camino sí lo están, y no sólo crecen, si no que hasta se transforman, a veces sólo con la intención de confundirnos y desviarnos. Pero hay que aprender a rectificar, a levantarse después de caerse, a pedir perdón por los errores y las faltas, y a seguir hacia delante, intentando seguir siendo fiel a uno mismo, y haciendo propósito real de enmienda, de no volver a tropezar. Aunque ya dice el refrán que el hombre (y por ende la mujer) es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.